TRASTORNO
POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD
(TDAH)
Actualidades Diagnósticas y Terapéuticas
(Actualizado:12
/ 2004)
(Regresar
a los temas)
Dra. Matilde Ruiz-García*+,
Dr. Juvenal Gutierrez-Moctezuma**+, Dr. Saúl Garza-Morales
***, Dr. Francisco de la Peña-Olvera****+
* Jefa
del Servicio de Neurología, Instituto Nacional de Pediatría,
** Jefe de Servicio de Neurología.
Centro Médico 20 de noviembre ISSSTE Presidente de la Academia
Mexicana de Neurología.
*** Jefe del Departamento de Neurología, Hospital
Infantil de México “Federico Gómez”
y Vocal Ejecutivo Adjunto del Programa
de Acción contra el Trastorno por Déficit de Atención
de la Secretaría de Salud
**** Coordinador de la Clínica del
Adolescente, Instituto Nacional de Psiquiatría RFM
+ Miembro Numerario de la Academia
Mexicana de Pediatría A. C.
I. Introducción
y epidemiología
Bases biológicas del TDAH
Genéticas
Alteración estructural frontoestriada
Estudios de Neuroimagen.
Factores ambientales
Diagnóstico
COMORBILIDAD EN TDAH
TRATAMIENTO
Tratamiento Farmacológico
Tratamientos Psicosociales
Conclusiones
Tabla 1
Tabla 2
Bibliografía
Resumen
El TDAH es la patología más frecuente en la consulta
pediátrica neuropsiquiátrica. Numerosos estudios
sustentan el origen biológico de esta enfermedad. Es un
padecimiento crónico que se caracteriza por una tríada
de síntomas consistente en inatención, hiperactividad
e impulsividad que afectan el funcionamiento académico,
social y laboral de quien lo padece. El diagnóstico se
establece de forma clínica, existe una elevada comorbilidad
con otras psicopatologías. El abordaje terapéutico
debe contemplar la intervención farmacológica como
la estrategia principal, siendo los estimulantes la primera línea
de elección. Las intervenciones psicosociales son complementarias.
Palabras clave: trastorno por déficit de atención,
diagnóstico, tratamiento.
Abstract
Attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) is the most frequent
diagnoses in pediatric neuropsychiatry. There is scientific evidence
of the biological bases of ADHD. This is a chronic disorder with
three core symptoms inattention, hyperactivity and impulsivity
that interferes with function in academic, social and laboral
achievements. The diagnoses is establish by clinical evaluation,
this disorder is high comorbid. Pharmacological treatment is the
main stone in the therapeutical approach; stimulants are the first
line choice. Psychosocial interventions are complementary.
Key words, attention deficit hyperactivity disorder, diagnoses,
treatment.
I. Introducción y
epidemiología (volver)
El TDAH surge como un problema de salud pública mundial
en el siglo XX, afecta del 4% al 12% de los escolares, por lo
que se calcula que en México existen al menos 1,500,000
de niños con TDAH. (1)
Este trastorno es el padecimiento neuropsiquiátrico más
frecuente en niños y es el primer motivo de consulta en
centros de atención paidopsquiátrica. Es una entidad
de presentación mundial, poliétnica que afecta a
ambos géneros, aunque es 3 a 4 veces más comúnmente
diagnosticada en los hombres. Las manifestaciones clínicas
están presentes en forma continua aunque variable, es la
causa más común de bajo rendimiento escolar y produce
frecuentemente problemas sociales, familiares e inestabilidad
laboral. Los síntomas de TDAH persisten en la adolescencia
y adultez en alrededor del 60% de los pacientes (1, 2, 3).
Bases biológicas del TDAH
(volver)
La evidencia científica actual, recopilada a través
de estudios neuroquímicos, morfométricos, genéticos
y de neuroimágenes, apoyan un claro sustento biológico
en su etiología, en donde los factores ambientales pueden
jugar un papel importante en algunos casos.
Las bases biológicas se pueden agrupar en: genéticas,
alteraciones de la estructura frontoestriada y las obtenidas de
imágenes cerebrales.
Genéticas (volver)
La biología molecular ha jugado un papel muy importante
en el estudio de los genes candidatos que están relacionados
con la fisiología de las catecolaminas (dopamina y noradrenalina),
con la transmisión y la regulación sináptica
de circuitos específicos. La selección de estos
se basa en las observaciones clínicas tales como la actividad
de los estimulantes y reconocimiento de las deficiencias conductuales,
cognoscitivas y ejecutivas características del TADH que
se relacionan con el funcionamiento de la corteza prefrontal y
los circuitos frontoestriados (4) además de estudios de
ligamiento y de gemelos. Los estudios genéticos del TDAH
han reportado una heredabilidad del 0.78 sin que los mecanismos
genéticos específicos estén definidos. Se
han identificado al menos 2 genes dopaminérgicos asociados
a este trastorno: el gen transportador de dopamina (DAT) y el
gen receptor de dopamina (DRD4), además de un transportador
(DAT) y la proteína 25 asociada a sinaptina (SNAP 25) que
favorece la liberación del neurotransmisor. También
se han involucrado los genes reguladores de la noreadrenalina
y de la nicotina debido a que gemelos con este trastorno comparten
una forma del receptor alfa de acetilcolina- nicotínica.
Otros genes en evaluación son los hallados en varios grupos
de hermanos como los que se encuentran en los cromosomas 16p13
y el 17p11. Se considera que múltiples genes pueden estar
implicados aún en el mismo individuo: el HLA en el cromosoma
6, el gen transportador de dopamina en el cromosoma 5, el gen
receptor de dopamina D4 en el cromosoma 11, entre otros (4).
Alteración estructural frontoestriada
(volver)
La evaluación de ratas recién nacidas con depleción
inducida de dopamina produce hiperactividad, la cual disminuye
con la administración de estimulantes y con el inicio de
la pubertad (5,6), mientras que la deprivación de noradrenalina
se relaciona con deficiencias en el aprendizaje sin hiperactividad,
esta última se ha utilizado como modelo de la variante
inatenta de TDAH (7), la deficiencia de serotonina se ha relacionado
con impulsividad y agresividad (8). También los pacientes
que han sufrido lesión o traumatismo en la región
pre-frontal son anormalmente inatentos, perseverantes y muestran
dificultad en controlar su impulsividad y en la conducta instintiva
y en ellos se pueden identificar tres grupos de síntomas
o síndromes del lóbulo frontal dependientes de la
topografía de la lesión que los origina: dorsolateral,
medial/cingulada y orbitaria (9). En la lesión de la corteza
prefrontal dorsolateral los pacientes se muestran desinteresados,
faltos de espontaneidad, con poca reactividad hacia eventos y
personas y parecen no tener motivación, la memoria para
hechos recientes y la capacidad para planear es inadecuada. La
lesión de la corteza prefrontal medial produce un trastorno
para actuar y motivarse más evidente que el de la lesión
de la porción dorsolateral. Todos los trastornos de integración
son atribuidos a la inatención y falta de interés.
La apatía y falta de espontaneidad son los componentes
afectivos dominantes. La lesión de la corteza prefrontal
orbitaria difiere de las anteriores, en que los pacientes tienen
un trastorno de atención y son incapaces de inhibir la
interferencia de estímulos externos; estos sujetos muestran
hiperactividad, no pueden inhibir acciones espontáneas
y estímulos externos, son lábiles e impredecibles
(9).
Estudios de Neuroimagen. (volver)
La resonancia magnética (RM) ha demostrado disminución
no significativa del volumen de la corteza frontal derecha, de
la parte anterior del cuerpo calloso, cerebelo y la cabeza izquierda
del núcleo caudado, así como pérdida de alrededor
del 5% del volumen cerebral en niños que padecen TDAH (10-12).
Los estudios con imágenes funcionales como las de flujo
cerebral por tomografía de fotón único (SPECT)
sugieren alteraciones frontales y del estriado (13,14). Los estudios
de tomografía por emisión de positrones (PET) han
mostrado una reducción en el metabolismo de la glucosa
en el estriado, el lóbulo frontal y regiones somatosensitivas
y occipitales (15).
Factores ambientales (volver)
Estos tienen la capacidad de amplificar, contener o perpetuar
el padecimiento. Los más estudiados son la adversidad social
(pobreza, psicopatolgía en los padres), así como
el consumo de alcohol y tabaco durante el embarazo, la prematuridad
y el daño cerebral perinatal (15-17).
Diagnóstico (volver)
El diagnóstico y tratamiento del TDAH constituye un gran
reto, tanto por su importancia epidemiológica como por
que implica la necesidad de crear programas interdisciplinarios
de difusión, capacitación, intervención educativa,
médica, familiar y pedagógica que representan un
gran costo económico. El diagnóstico del TDAH se
realiza con bases clínicas según los criterios vigentes
emitidos por el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico
de los Trastornos Mentales en su cuarte edición) o el CIE-10
(Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización
Mundial de la Salud, décima edición), ya que al
momento no existen pruebas de gabinete o laboratorio que confirmen
o descarten esta entidad. El TDAH se caracteriza por un patrón
persistente de inatención, impulsivdad y/o hiperactvidad
que se presenta por al menos 6 meses en forma más frecuente
y grave de lo que se observa en niños de sexo y edad similar.
Esta conducta debe tener un impacto negativo en el funcionamiento
del individuo en al menos 2 ambientes diferentes (escuela, casa,
amigos, etc). Algunos de los síntomas deben presentarse
antes de los 7 años de edad y no ser explicados por disfunción
sensorial (hipoacusia, trastornos visuales, etc), enfermedades
médicas (cardiopatias, malformaciones cerebrales, anemia
ferropénica, etc), consumo de fármacos ó
enfermedades psiquiátricas diferentes (2, 3, 16).
La inatención
es la incapacidad (acorde a su edad) que tiene un individuo para
concentrarse por períodos suficientes que le permitan terminar
una actividad que requiera de un esfuerzo mental sostenido ó
lograr el aprendizaje. Se considera la inatención como
significativa cuando el paciente tiene 6 o más de los síntomas
referidos en la Tabla 1. Este conjunto de síntomas tiene
impacto determinante en el rendimiento académico de los
pacientes lo que genera, frecuentemente falla académica
ó laboral y ansiedad en los individuos.
La hiperactividad se define como la
actividad motora exagerada que parece conducir a un fin sin que
este se alcance. Los pacientes tienen dificultad para mantenerse
quietos y cambian frecuentemente de posición, brincan,
trepan ó mueven persistentemente las manos y los pies.
La impulsividad implica la dificultad
que tienen los pacientes para lograr el autocontrol que les permita
respetar el espacio y las actividades de los que lo rodean. Para
considerar que la hiperactividad y/o la impulsividad son significativas
el paciente debe tener al menos 6 de los siguientes síntomas
de la Tabla 2.
Considerando la expresión de las manifestaciones el TDAH
puede ser: leve, moderado o severo. Según la predominancia
de síntomas se han descrito 3 variedades clínicas
que son:
VARIEDAD MIXTA O COMBINADA: es la forma más
frecuente y representa el 60% de los pacientes; la severidad
de los síntomas de inatención impulsividad e hiperactividad
es similar y condiciona que estos pacientes tengan dificultades
severas y tempranas.
VARIEDAD PREDOMINANTEMENTE HIPERACTIVO-IMPULSIVO: Es
la menos común y posiblemente representa sólo
el extremo severo del TDAH mixto. Los síntomas condicionan
importante disrupción de en los ámbitos social,
familiar y escolar.
VARIEDAD INATENTA: Representa el 15 al 25%; es probablemente
la variedad más común en mujeres, frecuentemente
es subdiagnosticada ya que lo que predomina es la falla escolar
en el contexto de un paciente que no presenta problemas del
comportamiento ni hiperactividad (3).
El diagnóstico del TDAH es completamente clínico
y basta con conocer de forma detallada la historia familiar y
personal del paciente, además de un examen físico
y escalas validadas con maestros y padres para establecer con
certeza el diagnóstico e iniciar un tratamiento, sin embargo
el uso racional de estudios de extención neurofisiológicos
o de imagen debe estar estrictamente relacionado con cada caso
en particular; estando fuera del contexto científico la
utilización rutinaria para su diagnóstico o evolución.
COMORBILIDAD EN TDAH (volver)
Cerca del 65% de los pacientes con TDAH tienen un trastorno comórbido
o asociado al momento de establecer el diagnóstico, lo
cual resalta la necesidad de realizar una valoración integral
e individual en cada paciente. Las principales entidades asociadas
son los trastornos específicos del aprendizaje, el trastorno
oposicionista desafiante, el trastorno de conducta, los trastornos
de ansiedad, la depresión y los trastornos bipolares (1,
17). Una proporción mayor del 50% muestra trastornos de
la coordinación ojo-mano que explicaran dificultades en
proceso de la lecto-escritura, quedando por definir si es una
comorbilidad (19).
TRATAMIENTO (volver)
El tratamiento médico del TDAH debe ser implementado por
pediatras capacitados en el padecimiento, así como por
neuropediatras, psiquiatras y paidopsiquiatras. La evidencia médica
actual establece que el tratamiento médico para este padecimiento
debe ser multimodal: farmacológico y psicosocial. El iniciar
con uno, otro o ambos, dependerá de una evaluación
integral y particular de cada caso.
El balance general de mas de 40 años del uso de fármacos
en personas con este trastorno, permiten asegurar que son eficientes
en el control de los síntomas principales del TDAH en al
menos el 75% de los casos, logrando mejoran la calidad de vida
y disminuyen los riesgo de fracaso y abandono escolar, retrasan
el contacto con tabaco en adolescentes y reducen el consumo de
drogas (18, 19). El tratamiento farmacológico no suele
producir efectos colaterales graves ni afectan la salud a largo
plazo de quienes lo toman.
Tratamiento Farmacológico (volver)
Los algoritmos internacionales y nacionales (promovidos por la
Academia Mexicana de Pediatría) vigentes al 2004 establecen
que la primera opción de tratamiento para los niños,
adolescentes y adultos portadores de TDAH sin comorbilidades son
los medicamentos estimulantes. En México se tiene disponible
el metilfenidato (MFD) en dos presentaciones, el de acción
inmediata y el de liberación prolongada o sistema OROS;
en Estados Unidos de América (EUA) existen 14 variedades
en la presentación para los estimulantes, además
del MFD en EUA se comercializan las anfetaminas, las combinaciones
de anfetaminas e isómeros del MFD. La dosis terapéutica
para el MFD fluctúa de 0.3 a 0.6 mgs/kgs/día y no
se recomienda administrar más de 35 mgs/día en niños
con peso < a 25 kgs ó más de 60mgs/día
en menores de 13 años. Algunos investigadores proponen
que deben alcanzarse dosis hasta de 1 mgs/kg/día para probar
la efectividad en cada paciente, el MFD de acción inmediata
funciona mejor cuando se toma en tres dosis al día, en
virtud de la vida media corta (< 4 hrs.). Con el fin de evitar
la taquifilaxia asociada al MFD, debe administrarse en dosis ascendentes
durante el día, (vgr. 30 mgs/día se recomiendan
dar en tabletas (tabls) de 10 mgs.: ½ tabl. a las 7:30
hrs., 1 a las 11 hrs. y 1 ½ a las 15 hrs). Algunas evidencias
nuevas señalan que hasta el 90% de los adolescentes y de
los adultos con TDAH en tratamiento con MFD de acción prolongada
mejoran con dosis > a 36 mgs/día y hasta el 50% de los
adolescentes y adultos necesitan dosis > 54 mgs/día
para disminuir los síntomas. Algunos clínicos recomiendan
suspender el MFD los fines de semana o vacaciones, con el objetivo
de evitar efectos adversos en el peso y la talla, sin embargo
esta estrategia no genera diferencias significativas en peso o
talla entre quienes continúan y entre quienes suspenden
por temporadas el MFD, y los que lo suspenden tienen más
problemas de relación social y familiar, por lo que es
recomendable tomarse de forma continua. Los efectos colaterales
más frecuentes que provoca el MFD son: hiporexia, insomnio,
cefalea y dolor abdominal; el médico, el paciente y la
familia deben evaluar el máximo beneficio clínico
sobre el mínimo de efectos colaterales y ajustar la dosis.
Las investigaciones prospectivas hasta de 10 años de seguimiento
en niños y adolescentes con TDAH que han tomado MFD contra
niños y adolescentes con TDAH que no han tomado MFD demuestran
que quienes toman el medicamento tienen menos riesgo de consumir
drogas que aquellos que no lo toman, lo que pareciera paradójico
para aquellos profesionales sin experiencia en el tema. Los algoritmos
recomiendan evaluar la respuesta al tratamiento con cada dosis
de estimulantes en una o dos semanas. Si un primer estimulante
no funciona, se recomienda el cambio a un segundo estimulante.
En México la única opción es el MFD en dos
presentaciones por lo que el paso de una a la otra es la única
posibilidad aplicable. Aproximadamente el 30% de los pacientes
con TDAH no toleran o no responden a los estimulantes. Una vez
descartada la efectividad de estos medicamentos, habiendo sido
usados en tiempo y dosis adecuadas, se recomienda el uso de medicamentos
no estimulantes (18, 19, 20, 21, 22, 23).
Los medicamentos no estimulantes incluyen a un grupo amplio,
entre los que se encuentran: los antidepresivo tricíclicos
(ADT), los agonistas alfa adrenérgicos, los inhibidores
de la recaptura de noradrenalina (IRNA) y otros como los estimulantes
del alerta (modafinil). En el caso de los ADT, la imipramina es
el prototipo, fueron medicamentos utilizados en el pasado y han
dejado de ser una alternativa de primera o segunda línea
por los efectos colaterales y los riesgos potenciales para desarrollar
alteraciones del ritmo y la función cardiaca, sin embargo
la imipramina tiene aplicación cuando existe comorbilidad
con enuresis o ansiedad. Antes de utilizar un ADT debe realizarse
un electrocardiograma basal o cuando se incrementa la dosis (esta
disponible en presentaciones de 10 hasta 75 mgs). Los agonistas
alfa adrenérgicos como la clonidina y la guanfacina, esta
última no disponible en México, han sido utilizados
de forma más común en preescolares a razón
de 0.1 a 0.3 mgs/día, sin embargo el efecto colateral más
severo es la somnolencia, lo que obliga frecuentemente a su administración
nocturna Actualmente el uso de los IRNA como la Atomoxetina en
dosis de 1.2 a 1.8 mgs./kg/día, el Bupropión (Anfebutamona)
en dosis de 150 a 300 mgs/día, la Reboxetina en dosis de
4 a 8 mgs/día son opciones de segunda línea; aunque
han ganado adeptos a su utilización por la capacidad de
venderse sin receta lo que resulta atractivo para quienes se rehusan
al uso de estimulantes. La Venlafaxina que es un inhibidor tanto
de noradrenalina como de serotonina y en menor medida de dopamina
ha demostrado también poder disminuir los síntomas
del TDAH con dosis de 75 a 150 mgs/día; estos fármacos
han sido utilizados en investigaciones con pacientes que tienen
TDAH comórbido con depresión, ansiedad, tics, trastornos
de conducta y consumo de sustancias (20, 21)
La atomoxetina es un nuevo fármaco que se ha utilizado
también como tratamiento de primera línea en algunas
investigaciones, esta disponible en presentaciones cápsulas
de 10, 18, 25, 40 y 60 mgs, puede administrarse en una o en dos
tomas diarias, matutina y/o nocturna de forma progresiva durante
las primeras 3-4 semanas. La magnitud del efecto de la Atomoxetina
es menor si se compara con los estimulantes (0.75 vs. 0.85); sin
embargo parece ser particularmente útil en paciente con
TDAH comórbidos con tics y/o síntomas ansiosos y
cuando no es necesario un efecto inmediato, puesto que su eficacia
la podremos evaluar hasta después de 4 semanas de administración.
Sus efectos indeseables incluyen: nausea, hiporexia y algunos
pacientes reportan hipersomnia, habitualmente leves y no duraderas.
(20, 22).
Tanto los estimulantes como la atomoxetina se han evaluado en
el largo plazo (2 años) y han demostrado ser seguros en
tratamientos prolongados (20, 21).
Tratamientos Psicosociales (volver)
La intervención psicosocial será complementaria
al tratamiento farmacológico. Se han utilizado diversos
abordajes de tipo cognoscitivo-conductual, individual y grupal
con éxito; así como intervenciones interpersonales
y familiares. Es muy importante intervenir tanto al paciente como
a los padres y maestros acerca del trastorno y ofrecer estrategias
de afrontamiento para los síntomas, vgr. horarios, programación
de las actividades no escolares, organización dirigida,
supervisión de estudio, etc. El paciente puede recibir
apoyo psicopedagógico o asesorías educativas cuando
así se requiera (21). Solo una minoría de los pacientes
con problemas conductuales o educativos graves requerirán
de educación especial.
Conclusiones (volver)
El TDAH representa un problema de salud pública, existe
evidencia de su origen biológico y de la influencia de
diversos elementos ambientales. El diagnóstico se realiza
con base clínica y el manejo requiere de la participación
conjunta de médicos, padres, terapeutas y maestros. El
tratamiento del TDAH es multimodal, la necesidad de la intervención
medicamentosa es indispensable y la intervención psicosocial
es complementaria. Los fármacos de primera línea
son los estimulantes como el metilfenidato, la atomoxetina es
un medicamento no estimulante y puede ser considerada un fármaco
de segunda línea en el TDAH sin comorbilidad o de primera
línea si coexiste con tics o trastornos ansiosos.
Tabla 1 (volver)
SÍNTOMAS DE INATENCION
- No pone atención a los detalles o comete errores
evidentes al momento de realizar tareas o actividades cotidianas.
- Tiene dificultades para mantener su atención y terminar
juegos ó tareas asignadas.
- Parece no escuchar lo que se le dice.
- Tiene olvidos frecuentes, pierde útiles, ropa, no
entrega la tarea o los trabajos.
- No logra seguir instrucciones complejas o terminar actividades;
tiene dificultad para iniciar aquellas poco interesantes ó
de alto grado de dificultad.
- Tiene dificultad para organizar o sistematizar el trabajo.
- Se distrae fácilmente a estímulos irrelevantes
a veces producidos por él mismo.
- Evita tareas que requieren un esfuerzo mental.
Tabla 2 (volver)
SÍNTOMAS DE IMPULSIVIDAD E HIPERACTIVIDAD.
- Está inquieto, mueve constantemente las manos o los
pies mientras está sentado.
- Se levanta de su asiento continuamente y no puede permanecer
sentado en situaciones donde se espera que lo haga(en el salón
de clases, en el cine, cuando come etc.)
- Corre, trepa, brinca en situaciones que no corresponde.
- Muestra dificultades al jugar o compartir sus juguetes (impone
reglas, siempre desea ganar).
- Actúa como si tuviera un motor en marcha.
- Habla demasiado, hace comentarios que no tienen relación
con las actividades.
- Se anticipa, contesta y actúa antes de que se termine
la pregunta, siempre tiene una respuesta aún sin que
ésta tenga una relación.
- Tiene dificultades para esperar el turno.
- Interrumpe continuamente las conversaciones, el juego o
las actividades de otros.
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