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En aquella época
yo me encontraba terminando mi residencia de Psiquiatría
y me preparaba para iniciar mi residencia en Psiquiatría
Infantil, pero pude percatarme del gran entusiasmo que animaba
a los socios fundadores de AMPI y del enorme impacto que su trabajo
produjo no sólo en el ambiente de la salud mental, también
en la Pediatría, la Psicología, en el gremio del
magisterio y aun entre padres y madres de familia que empezaron
a ver con respeto la figura del psiquiatra de niños.
Antecedentes
El antecedente inmediato de la creación
de la AMPI fue sin duda la instalación
del curso de Psiquiatría Infantil de la UNAM que, coordinado
por el Dr. Manuel Isaías López y el Dr. Gregorio
Katz y bajo los auspicios del Dr. Ramón de la Fuente, se
inició en 1974. Estos distinguidos psiquiatras, junto con
otros destacados especialistas, representaron y representan figuras
prestigiosas que siguen formando generaciones de psiquiatras infantiles
y son modelos de integridad y brillantez profesional.
El curso de Psiquiatría Infantil ha sido el principal semillero
de psiquiatras infantiles en nuestro país y en sus inicios
fue el único curso formativo de nuestra especialidad en
América Latina. En la actualidad es el único en
México, y goza de prestigio dentro y fuera del país.
Miembros fundadores
Los nombres de los miembros fundadores de AMPI
están consignados en un boletín de la Asociación
con la foto del recuerdo:

FUNDADORES DE AMPI. Febrero
de 1975. Carlos Medina, Alfonso Escamilla, Lauro Estrada,
José Carrera, Gregorio Katz, Manuel I. Lópéz,
Mariano Barragán, Jorge Velasco, Daniel Nares, Enrique
Lechner, Sergio Toscano, Darío Urdapilleta, Rafael Velasco,
Marcelo Salles, Leopoldo Chagoya, Eduardo Dallal, Numa Pompilio,
Miguel Foncerrada |
También quiero recordar las fechas y
las ciudades donde, desde su fundación, se realizaron los
congresos bienales de nuestra Asociación, con el nombre
del presidente de cada mesa directiva
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Congresos
y presidentes de la Asociación Mexicana de Psiquiatría
Infantil |
- Guadalajara 1976
Dr. Manuel Isaías López
- Puebla 1978
Dr. Gregorio Katz
- Veracruz 1980
Dr. Marcelo Salles
- Monterrey 1982
Dr. Eduardo Dallal
- México D.F. 1985
Dr. Rafael Velasco Fernández
- San Luis Potosí 1986
Dr. Eduardo de la Vega
- Querétaro 1988
Dr. Juan Manuel Sauceda
- Xalapa 1990
Dr. Arturo Mendoza
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- Guanajuato 1992
Dr. Saúl Stepensky
- Puebla 1994
Dra. Patricia Romano
- México D.F. 1996
Dr. Marco Antonio Corona
- Morelia 1998
Dr. Oscar Sánchez
- Mérida 2000
Dr. Sergio Muñoz
- Oaxaca 2002
Dr. Froylán Calderón
- Zacatecas 2005
Dr. Luis Méndez
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Monografías
En sus primeros 13 años de existencia,
AMPI publicó siete monografías, cuyos nombres y
editores son los siguientes:
| Monografías
de la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil |
| I. |
|
Desarrollo Infantil
Normal
Dr. Manuel Isaías López |
| II. |
|
Primer Congreso Nacional
Dr. Gregorio Katz |
| III. |
|
Segundo Congreso Nacional
Dr. Eduardo Dallal |
| IV |
|
Adolescencia Normal
en México
Dr. Marcelo Salles |
| V |
|
El Niño al Inicio
de su Etapa Escolar
Dr. Rafael Velasco Fernández |
| VI |
|
El Niño la Familia
y la Escuela
Dr. Juan Manuel Sauceda |
| VII |
|
La Salud Mental del
Niño y el Adolescente
Dr. Juan Manuel Sauceda |
En diversas épocas se han publicado
boletines y una revista cuyos editores han sido los doctores Sergio
Muñoz, Marco A. Corona y Patricia Romano.
Hay que mencionar que AMPI siempre ha estado abierta a la comunicación
con otras sociedades científicas y en forma destacada se
encuentra nuestra liga con la American
Academy of Child and Adolescent Psychiatry, a la cual pertenece
AMPI en su consejo de organizaciones regionales. Con la AACAP
hemos colaborado en diversas reuniones llamadas institutos y es
de hacer notar que hace algunos años la AACAP premió
a expresidentes de AMPI por sus méritos profesionales,
entre ellos al Dr. Manuel I. López, Dr. Gregorio Katz y
Dr. Eduardo Dallal.
Reflexiones
Al observar la evolución de AMPI en
sus 30 años de existencia no puedo dejar de pensar que
existe cierto paralelismo entre su desarrollo y el ciclo vital
de la familia. Igual que sucede en el inicio de la vida familiar,
cuando se forma la pareja, los cónyuges se muestran entusiasmados
con su matrimonio y se hacen promesas de amor y compromisos mutuos,
y así sucedió entre los socios fundadores. Después,
como se observa en las familias, ocurren dificultades propias
del crecimiento, de la edad y de la formación de alianzas
y coaliciones, además de dificultades instrumentales como
la inestabilidad domiciliaria. Como consecuencia de esto suelen
ocurrir distanciamientos, enojos y hasta divorcios y fallecimientos,
además de rencuentros y de hijos pródigos, todo
esto matizado por la incorporación de nuevos paidopsiquiatras
y de representantes de otras familias afines como psicólogos,
pediatras y psiquiatras generales. A estos cambios naturales suelen
agregarse dificultades económicas porque no todos los socios
pagan sus cuotas, para no dejar de mencionar las vicisitudes políticas
que surgen cada dos años con motivo del cambio de mesa
directiva.
De tales factores de riesgo la AMPI, como las familias, resulta
a veces fortalecida y en ocasiones lastimada. Hoy llega a sus
treinta años con un balance positivo y con el mérito
de seguir representando, mejor que ninguna otra agrupación,
los intereses de los psiquiatras infantiles de nuestro país.
Algunas heridas sufridas en este trayecto han sido muy traumáticas,
casi fatales, pero la AMPI ha sobrevivido a ellas y quizá
más que reconsiderar turbulencias pasadas conviene, como
en la vida de las parejas y las familias, optar por el ¨borrón
y cuenta nueva¨ y mejor emplear las energías en el
fortalecimiento de nuestra asociación.
Es lógico que las circunstancias actuales no sean las mismas
que había hace seis lustros. El campo de la Psiquiatría
Infantil se ha ampliado de forma impresionante como resultado
del desarrollo de las neurociencias. Cada vez disponemos de más
y mejores datos epidemiológicos y de auxiliares diagnósticos
derivados de la neuropsicología y la imagenología
cerebral. Esto ha conducido, entre otros avances, al desarrollo
de sistemas de clasificación nosológica más
válidos y confiables y los psiquiatras infantiles estamos
obligados a actualizarnos en esas áreas.
También el panorama terapéutico se ha ampliado considerablemente,
con nuevos procedimientos psicológicos y físicos.
En el campo psicológico, a las técnicas derivadas
del psicoanálisis, de la teoría del aprendizaje
y de la terapia familiar, se ha añadido el auge de las
técnicas cognitivas cuya aplicación en niños
y adolescentes se ha ido expandiendo. Pero tal vez el desarrollo
terapéutico ha sido más notable en el área
de la psicofarmacología, cuya presencia en el armamentario
del psiquiatra infantil era bastante limitada hasta hace pocos
años, fuera del metilfenidato y de otros pocos fármacos.
Ahora se dispone de una gama creciente de antidepresivos con variadas
acciones terapéuticas, además de antipsicóticos
de segunda generación y de otros medicamentos. Muchos de
los nuevos fármacos son más efectivos, más
seguros y con menos efectos secundarios, lo cual ha mejorado el
tratamiento de los pacientes. AMPI favorece la actualización
en estas áreas en sus cursos, congresos y reuniones académicas.
Los psiquiatras infantiles no tenemos ni deseamos la exclusividad
del tratamiento de las diversas expresiones de psicopatología
infantil, pero hay que reconocer que nuestra formación
nos permite ser quizá los profesionales más idóneos
para diagnosticar y tratar a niños y adolescentes, y no
sólo por la posibilidad de emplear psicofármacos.
Baste mencionar el ejemplo emblemático del trastorno por
déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En
cuanto a este trastorno, la capacidad de diagnosticarlo puede
ser compartida con otros médicos y psicólogos, pero
la identificación y tratamiento de la comorbilidad es más
del resorte del psiquiatra infantil. Con los neuropediatras podemos
compartir el tratamiento farmacológico, pero el empleo
de psicoterapia y de otras medidas psicosociales es más
propio de nuestra especialidad. Y en el caso de los psicólogos
podemos compartir la capacidad de diagnosticar y de dar psicoterapia,
pero sólo el psiquiatra infantil conoce y puede prescribir
psicofármacos. No debemos invocar derechos de exclusividad,
pero sí hacer valer nuestra mayor competencia ahora que
se sabe más de los trastornos por défict de atención
en sus formas simples y comórbidas.
Los psiquiatras infantiles necesitamos reflexionar sobre nuestra
participación en asuntos como la legitimidad del empleo
de psicofármacos en menores de edad en un momento en que
adeptos de la Diabética, además de personas mal
informadas, se oponen a ello basados en prejuicios y en temores
desproporcionados respecto a sus efectos secundarios. Esto sin
hacer de lado una actitud objetiva y ética ante la industria
farmacéutica. También se requiere que intervengamos
en el diseño de políticas públicas en el
área de la salud mental infantil sin ceder a las manipulaciones
de políticos deshonestos que desprestigian nuestra profesión.
La AMPI nos proporciona un espacio para continuar definiendo y
fortaleciendo nuestra identidad profesional, además de
promover la difusión de los avances de la especialidad.
Esto debe estimularnos no sólo a seguir aprendiendo conocimientos
nuevos, sino también a generarlos mediante trabajos de
investigación, actividad ésta que, debemos reconocer,
no ha sido suficientemente practicada por nosotros y que sin duda
debemos abordar con más interés.
Así como hay diversos tipos de constelaciones familiares,
así también se diversifican las preferencias teóricas
y las competencias de los psiquiatras infantiles, para todos hay
lugar en AMPI.
Felices primeros 30 años, AMPI.
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