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APOLOGIA DE LA ASOCIACIÓN MEXICANA DE PSIQUIATRÍA INFANTIL
Dr. Juan Manuel Sauceda G.
Palabras pronunciadas en Zacatecas, Zac., con motivo del XXX aniversario de la fundación de AMPI

  En febrero de 1975, un puñado de profesores del curso de Psiquiatría Infantil del Departamento de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México fundó la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil. En este grupo se encontraban psiquiatras y psicoanalistas de gran experiencia, además de algunos especialistas jóvenes que se habían formado como psiquiatras infantiles en hospitales de Estados Unidos y Canadá.

Sus objetivos principales fueron: apoyar la formación de un sentido firme de identidad profesional entre los psiquiatras infantiles, facilitar la comunicación entre ellos y con otros profesionales de la salud y difundir los conocimientos de la especialidad entre los profesionales interesados en la población pediátrica y en el público general. Así se lograría promover la figura y las funciones del psiquiatra infantil y se protegerían sus intereses gremiales.

En aquella época yo me encontraba terminando mi residencia de Psiquiatría y me preparaba para iniciar mi residencia en Psiquiatría Infantil, pero pude percatarme del gran entusiasmo que animaba a los socios fundadores de AMPI y del enorme impacto que su trabajo produjo no sólo en el ambiente de la salud mental, también en la Pediatría, la Psicología, en el gremio del magisterio y aun entre padres y madres de familia que empezaron a ver con respeto la figura del psiquiatra de niños.

Antecedentes
El antecedente inmediato de la creación de la AMPI fue sin duda la instalación del curso de Psiquiatría Infantil de la UNAM que, coordinado por el Dr. Manuel Isaías López y el Dr. Gregorio Katz y bajo los auspicios del Dr. Ramón de la Fuente, se inició en 1974. Estos distinguidos psiquiatras, junto con otros destacados especialistas, representaron y representan figuras prestigiosas que siguen formando generaciones de psiquiatras infantiles y son modelos de integridad y brillantez profesional.
El curso de Psiquiatría Infantil ha sido el principal semillero de psiquiatras infantiles en nuestro país y en sus inicios fue el único curso formativo de nuestra especialidad en América Latina. En la actualidad es el único en México, y goza de prestigio dentro y fuera del país.

Miembros fundadores
Los nombres de los miembros fundadores de AMPI están consignados en un boletín de la Asociación con la foto del recuerdo:

FUNDADORES DE AMPI. Febrero de 1975. Carlos Medina, Alfonso Escamilla, Lauro Estrada, José Carrera, Gregorio Katz, Manuel I. Lópéz, Mariano Barragán, Jorge Velasco, Daniel Nares, Enrique Lechner, Sergio Toscano, Darío Urdapilleta, Rafael Velasco, Marcelo Salles, Leopoldo Chagoya, Eduardo Dallal, Numa Pompilio, Miguel Foncerrada

Entre los profesores invitados por AMPI a impartir conferencias y talleres se encuentra el Dr. Paul D. Steinhauer, de la Universidad de Toronto.

Foto der. Dr. Paul D. Steinhauer, Profesor de la Universidad de Toronto, impartió un taller en AMPI el 28 de septiembre de 1984. A la izquierda el Dr. Juan Manuel Sauceda y a la derecha el Dr. Eduardo de la Vega.


También quiero recordar las fechas y las ciudades donde, desde su fundación, se realizaron los congresos bienales de nuestra Asociación, con el nombre del presidente de cada mesa directiva

Congresos y presidentes de la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil
  • Guadalajara 1976
    Dr. Manuel Isaías López
  • Puebla 1978
    Dr. Gregorio Katz
  • Veracruz 1980
    Dr. Marcelo Salles
  • Monterrey 1982
    Dr. Eduardo Dallal
  • México D.F. 1985
    Dr. Rafael Velasco Fernández
  • San Luis Potosí 1986
    Dr. Eduardo de la Vega
  • Querétaro 1988
    Dr. Juan Manuel Sauceda
  • Xalapa 1990
    Dr. Arturo Mendoza

 
  • Guanajuato 1992
    Dr. Saúl Stepensky
  • Puebla 1994
    Dra. Patricia Romano
  • México D.F. 1996
    Dr. Marco Antonio Corona
  • Morelia 1998
    Dr. Oscar Sánchez
  • Mérida 2000
    Dr. Sergio Muñoz
  • Oaxaca 2002
    Dr. Froylán Calderón
  • Zacatecas 2005
    Dr. Luis Méndez

Monografías

En sus primeros 13 años de existencia, AMPI publicó siete monografías, cuyos nombres y editores son los siguientes:

Monografías de la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil
I.
  Desarrollo Infantil Normal
Dr. Manuel Isaías López
II.
  Primer Congreso Nacional
Dr. Gregorio Katz
III.
  Segundo Congreso Nacional
Dr. Eduardo Dallal
IV
  Adolescencia Normal en México
Dr. Marcelo Salles
V
  El Niño al Inicio de su Etapa Escolar
Dr. Rafael Velasco Fernández
VI
  El Niño la Familia y la Escuela
Dr. Juan Manuel Sauceda
VII
  La Salud Mental del Niño y el Adolescente
Dr. Juan Manuel Sauceda

En diversas épocas se han publicado boletines y una revista cuyos editores han sido los doctores Sergio Muñoz, Marco A. Corona y Patricia Romano.
Hay que mencionar que AMPI siempre ha estado abierta a la comunicación con otras sociedades científicas y en forma destacada se encuentra nuestra liga con la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, a la cual pertenece AMPI en su consejo de organizaciones regionales. Con la AACAP hemos colaborado en diversas reuniones llamadas institutos y es de hacer notar que hace algunos años la AACAP premió a expresidentes de AMPI por sus méritos profesionales, entre ellos al Dr. Manuel I. López, Dr. Gregorio Katz y Dr. Eduardo Dallal.

Reflexiones

Al observar la evolución de AMPI en sus 30 años de existencia no puedo dejar de pensar que existe cierto paralelismo entre su desarrollo y el ciclo vital de la familia. Igual que sucede en el inicio de la vida familiar, cuando se forma la pareja, los cónyuges se muestran entusiasmados con su matrimonio y se hacen promesas de amor y compromisos mutuos, y así sucedió entre los socios fundadores. Después, como se observa en las familias, ocurren dificultades propias del crecimiento, de la edad y de la formación de alianzas y coaliciones, además de dificultades instrumentales como la inestabilidad domiciliaria. Como consecuencia de esto suelen ocurrir distanciamientos, enojos y hasta divorcios y fallecimientos, además de rencuentros y de hijos pródigos, todo esto matizado por la incorporación de nuevos paidopsiquiatras y de representantes de otras familias afines como psicólogos, pediatras y psiquiatras generales. A estos cambios naturales suelen agregarse dificultades económicas porque no todos los socios pagan sus cuotas, para no dejar de mencionar las vicisitudes políticas que surgen cada dos años con motivo del cambio de mesa directiva.
De tales factores de riesgo la AMPI, como las familias, resulta a veces fortalecida y en ocasiones lastimada. Hoy llega a sus treinta años con un balance positivo y con el mérito de seguir representando, mejor que ninguna otra agrupación, los intereses de los psiquiatras infantiles de nuestro país.
Algunas heridas sufridas en este trayecto han sido muy traumáticas, casi fatales, pero la AMPI ha sobrevivido a ellas y quizá más que reconsiderar turbulencias pasadas conviene, como en la vida de las parejas y las familias, optar por el ¨borrón y cuenta nueva¨ y mejor emplear las energías en el fortalecimiento de nuestra asociación.
Es lógico que las circunstancias actuales no sean las mismas que había hace seis lustros. El campo de la Psiquiatría Infantil se ha ampliado de forma impresionante como resultado del desarrollo de las neurociencias. Cada vez disponemos de más y mejores datos epidemiológicos y de auxiliares diagnósticos derivados de la neuropsicología y la imagenología cerebral. Esto ha conducido, entre otros avances, al desarrollo de sistemas de clasificación nosológica más válidos y confiables y los psiquiatras infantiles estamos obligados a actualizarnos en esas áreas.
También el panorama terapéutico se ha ampliado considerablemente, con nuevos procedimientos psicológicos y físicos. En el campo psicológico, a las técnicas derivadas del psicoanálisis, de la teoría del aprendizaje y de la terapia familiar, se ha añadido el auge de las técnicas cognitivas cuya aplicación en niños y adolescentes se ha ido expandiendo. Pero tal vez el desarrollo terapéutico ha sido más notable en el área de la psicofarmacología, cuya presencia en el armamentario del psiquiatra infantil era bastante limitada hasta hace pocos años, fuera del metilfenidato y de otros pocos fármacos. Ahora se dispone de una gama creciente de antidepresivos con variadas acciones terapéuticas, además de antipsicóticos de segunda generación y de otros medicamentos. Muchos de los nuevos fármacos son más efectivos, más seguros y con menos efectos secundarios, lo cual ha mejorado el tratamiento de los pacientes. AMPI favorece la actualización en estas áreas en sus cursos, congresos y reuniones académicas.
Los psiquiatras infantiles no tenemos ni deseamos la exclusividad del tratamiento de las diversas expresiones de psicopatología infantil, pero hay que reconocer que nuestra formación nos permite ser quizá los profesionales más idóneos para diagnosticar y tratar a niños y adolescentes, y no sólo por la posibilidad de emplear psicofármacos.
Baste mencionar el ejemplo emblemático del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En cuanto a este trastorno, la capacidad de diagnosticarlo puede ser compartida con otros médicos y psicólogos, pero la identificación y tratamiento de la comorbilidad es más del resorte del psiquiatra infantil. Con los neuropediatras podemos compartir el tratamiento farmacológico, pero el empleo de psicoterapia y de otras medidas psicosociales es más propio de nuestra especialidad. Y en el caso de los psicólogos podemos compartir la capacidad de diagnosticar y de dar psicoterapia, pero sólo el psiquiatra infantil conoce y puede prescribir psicofármacos. No debemos invocar derechos de exclusividad, pero sí hacer valer nuestra mayor competencia ahora que se sabe más de los trastornos por défict de atención en sus formas simples y comórbidas.
Los psiquiatras infantiles necesitamos reflexionar sobre nuestra participación en asuntos como la legitimidad del empleo de psicofármacos en menores de edad en un momento en que adeptos de la Diabética, además de personas mal informadas, se oponen a ello basados en prejuicios y en temores desproporcionados respecto a sus efectos secundarios. Esto sin hacer de lado una actitud objetiva y ética ante la industria farmacéutica. También se requiere que intervengamos en el diseño de políticas públicas en el área de la salud mental infantil sin ceder a las manipulaciones de políticos deshonestos que desprestigian nuestra profesión.
La AMPI nos proporciona un espacio para continuar definiendo y fortaleciendo nuestra identidad profesional, además de promover la difusión de los avances de la especialidad. Esto debe estimularnos no sólo a seguir aprendiendo conocimientos nuevos, sino también a generarlos mediante trabajos de investigación, actividad ésta que, debemos reconocer, no ha sido suficientemente practicada por nosotros y que sin duda debemos abordar con más interés.
Así como hay diversos tipos de constelaciones familiares, así también se diversifican las preferencias teóricas y las competencias de los psiquiatras infantiles, para todos hay lugar en AMPI.

Felices primeros 30 años, AMPI.

 
 

 
 
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